Patrick Hamilton
23 años de edad
Escocia
1527
El apuesto joven que estaba en el cadalso se volvió hacia su sirviente y lo confrontó diciendo: “Lo que estoy a punto de sufrir, mi querido amigo, parece ser horrendo y amargo a la carne. Pero no olvidéis, que es la entrada a la vida eterna, la cual ninguno que niegue al Señor podrá obtener”.
El joven Patrick Hamilton poseía todo lo necesario para tener éxito: había nacido de sangre real, era inteligente y talentoso, simpático y gentil. Como estudiante, hizo suyas las enseñanzas de Martín Lutero. Igual que Lutero, él sintió que era en la Biblia, y no en los edictos de la iglesia establecida, donde estaba el verdadero fundamento de la fe cristiana y de la relación de cada individuo con Dios. Muy pronto, sus principios lo llevaron a tener problemas con el gobierno local de la iglesia y con el rey, y por lo tanto huyó a Alemania.
Fue allí, en la Universidad de Marburg, donde experimentó un gran cambio. El joven que antes era escéptico y tímido, ahora era valiente. Cada día crecía en conocimiento y estaba lleno del fuego de la piedad; decidió regresar a Escocia con el fin de llevarles a sus compatriotas la verdad de la Palabra de Dios.
Al regresar a Escocia comenzó a predicar inmediatamente las verdades que había aprendido. Al poco tiempo, le ordenaron que se presentara ante el arzobispo. De tal manera ardía el mensaje en él, que no quiso esperar hasta la hora en que se debía presentar, sino que lo hizo muy temprano en la mañana.
A pesar de que argumentó poderosamente, fue arrestado y llevado a prisión. Fueron muchos los que intentaron disuadir a Hamilton de su manera de pensar, o por lo menos convencerlo de que dejara de predicar sus creencias y de perturbar a la iglesia establecida. Pero el no dio un sólo paso atrás. De hecho, su fe era tan contagiosa que uno de los sacerdotes que los visitaban en la celda también se convirtió.
Llegó el día en que debió ser sentenciado a morir. Ese mismo día, después de la cena, lo llevaron para ser quemado en la hoguera.
Cuando los verdugos enfrentaron dificultades para mantener el fuego ardiendo, usó la ocasión como una última oportunidad para predicarles a aquellos que estaban sentados cerca. “¿Cuánto tiempo, oh Dios”, exclamó en voz alta, “cubrirán las tinieblas este reino? ¿Cuánto tiempo más permitirás esta tiranía?”.
Finalmente fue consumido por las llamas. Y antes de morir exclamó: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”.
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El día en que Hamilton fue quemado en la hoguera, alguien se atrevió a decirles a los perseguidores:
“Si van a continuar quemando cristianos, es mejor que lo hagan en un sótano, porque el humo de las llamas que consumieron a Hamilton ha servido para abrirle los ojos a centenares”.
Los locos por Jesús aprovechan al máximo cada oportunidad para hablar acerca de Jesús. Patrick Hamilton predicó en la cárcel y en la hoguera. ¿Hace usted que cada oportunidad cuente para la eternidad?
Así que cuidado cómo viven ustedes. Sean sabios, no ignorantes; aprovechen bien el tiempo, porque los días son malos… traten de entender y poner en práctica la voluntad de Dios.
El apóstol Pablo
Martirizado en Roma, el año 65 d.C.
(Efesios 5:15-17, LBAD)
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